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1 oct 2010

Pollo con paprika a la húngara, versión «impostada»


Inspirado por el gran Falsarius Chef, se me ha ocurrido una manera de simplificar esta receta con un resultado prácticamente idéntico. Y qué menos que compartirlo con vosotros. Para los muy vagos o para los que quieran "engañar" a algún invitado incauto (¡ah, el placer de colársela a un gourmet con una preparación de quince minutos a base de latas...!).



Ingredientes (para tres personas):
  • 50 gr de mantequilla.
  • Una bandeja de pollo adobado del súper, del que va ya troceado para hacer brochetas.
  • Un bote de Fritada de Mercadona, marca Hacendado. Una maravilla, soy fan suyo en Facebook, para que os hagáis una idea.
  • 1/4 litro de nata para cocinar (de la espesa).
  • Un limón.
  • Dos cucharadas soperas (rasas) de pimentón dulce.
  • Un vaso de caldo de pollo.
  • Dos cayenas.

Utensilios:
  • Una olla a presión rápida (si no es olla rápida, doblar el tiempo de cocción).
  • Una cuchara de madera bien larga.

Lo primero es preparar la crema agria. Exprimimos el limón y vertemos su jugo dentro de la botellita de nata espesa (podemos quitar un poco para hacernos un carajillo con nata más tarde si no hay sitio para el zumo), cerramos la botellita, le damos unos buenos meneos con ritmo caribeño (con la tapa puesta, ojo) y lo metemos en la nevera.

A continuación, echamos la mantequilla en la olla y la fundimos a fuego lento. Cuando esté fundida sacamos el pollo de la bandeja y lo echamos en la olla, rehogándolo bien junto con las cayenas, a fuego medio. Cuando las presas de pollo estén bien marcadas, agregamos el caldo, quitamos las cayenas y echamos dentro el contenido de la lata, removemos todo bien y volvemos a cerrar, cociendo durante 8 minutos.

Recordad que el tiempo de cocción en una olla a presión se cuenta desde que la válvula pita; transcurrido el tiempo de cocción, se apaga el fuego, se aparta la olla del fogón y no se abre hasta que la presión haya menguado lo suficiente. La seguridad, ante todo. Si tenéis prisa podéis poner la olla bajo el grifo de agua fría (abierto, naturalmente), darle una ducha fría o sumergirla en el río Jordán, aunque es una práctica desaconsejada por la mayoría de los fabricantes.

Además, si tu olla a presión no es de las rápidas (capaces de resistir más temperatura y presión que las ollas a presión convencionales), debes doblar el tiempo de cocción.

Finalizada la misma, echamos el pimentón, mezclamos, sacamos de la nevera la botellita de nata espesa —que con el limón y el frío se habrá convertido en una estupenda crema agria—, le damos otro par de meneos, vertemos su contenido en la olla, le damos unas cuantas vueltas para mezclarlo todo bien y dejamos que la mezcla se caliente de nuevo a fuego lento, todo ello sin dejar de remover. Cuando veas que hace chup-chup ya te lo puedes zampar.

Unos fetuccini para acompañar y... voilà!, das el pego perfectamente. ¡Que aproveche!

Pollo con paprika a la húngara


Este plato es uno de los más famosos de la rica gastronomía húngara, probablemente el que más junto con el pörkölt (conocido internacionalmente como goulasch, que no es más que un nombre genérico para los estofados). No es un plato difícil de cocinar (desde luego resulta más fácil y rápido de preparar que el "pörkölt") y resulta muy sabroso... Eso sí, engorda una barbaridad. Avisados estáis.

Para dar de comer a cinco personas (o a tres como yo) necesitaremos un pollo troceado en presas, es decir, en trozos que, una vez cocinados, se puedan meter fácilmente en la boca para su consumo. También necesitaremos manteca de cerdo, crema agria, cebolla, tomate, pimiento, calabacín, sal, unas cayenas y paprika del bueno, dulce y picante (mejor si es auténtico paprika húngaro, claro, pero un buen pimentón de la Vera o de Murcia servirán igualmente). La calidad del rojo condimento es fundamental, nada de pimentones viejunos que han perdido hasta el color o mierdas industriales con colorante.

En cuanto a la crema agria, si no dispones de ella puedes usar crème fraîche, que es similar, mezclada con un yogur natural.



Ingredientes (para unas cinco personas):
  • 100 gr de manteca de cerdo.
  • Un pollo troceado en presas.
  • Una cebolla grande.
  • Un pimiento rojo.
  • un pimiento verde.
  • Un calabacín joven (de menos de 20 cm, los llamados “minicalabacines”). Mi toque personal.
  • Un bote mediano de tomate troceado.
  • 1/2 litro de crema agria.
  • Tres cucharadas soperas (rasas) de paprika dulce (édes-nemes) o pimentón dulce.
  • Una cucharada sopera de paprika picante (csípős) o pimentón picante.
  • Un vaso de caldo de pollo.
  • Tres cayenas.
  • Sal.

Utensilios:
  • Lo ideal es una cazuela de barro grande. Si no, una sartén de hierro forjado (de las gruesas) o una buena olla para estofados.
  • Un cuchillo de chef bien afilado.
  • Una cuchara de madera.
  • Una espumadera.

Lo primero es trocear toda la verdura, excepto el pimiento verde, en macedonia (dados de unos 4 mm), cada una por separado; el calabacín, con su piel (al ser joven, no tendrá en su interior nada que sea necesario retirar; si no me hacéis caso y usáis un calabacín ya grandecito, cosa que no recomiento en absoluto, tendréis que quitar antes el interior esponjoso y no recomiendo dejar la piel; en fin, allá vosotros). El pimiento verde lo cortaremos en aros finos.

Pondremos la cazuela a fuego medio/bajo (nunca a fuego fuerte, que puede cascar) y echaremos la manteca de cerdo. Cuando haya echado toda la grasa bajaremos el fuego al mínimo, retiraremos el posible residuo y añadiremos el pimiento (el rojo en macedonia y el verde en aros). Iremos rehogando poco a poco con ayuda de la cuchara de madera. Cuando esté medio hecho echaremos la cebolla y seguiremos rehogando hasta que ésta se vuelva transparente. Por último añadiremos el calabacín, que es lo que menos tarda en hacerse. Una vez pochado todo, retiraremos la verdura en un plato escurriéndola bien con la espumadera, y echaremos el pollo en la cazuela, con las cayenas. Lo marcaremos bien, hasta que quede doradito, y añadiremos el caldo de pollo y el tomate. Habrá que estar muy atento, removiendo de vez en cuando, para que no se pegue nada y el tomate se haga correctamente.

Se debe cocinar a fuego lento, especialmente si cocinamos con barro, para que el pollo vaya estofándose y soltando sus jugos. Cuando el tomate haya perdido una parte significativa de agua retiraremos las cayenas y volveremos a echar la verdura pochada que habíamos reservado, mezclando todo. Una vez guisado el pollo, añadiremos el paprika o pimentón, lo removeremos bien y añadiremos la crema agria, dejándolo el tiempo justo para que vuelva a calentarse toda la preparación.

Generalmente este plato va acompañado con pasta y a menudo se sirve con gnocchi, pero también le van bien las patatas y se puede servir con arroz, cous-cous u otras preparaciones por el estilo, ricas en carbohidratos. Yo lo puse hace poco con spaghetti alla carbonara y ambos platos casaron de maravilla:


Para beber, un vino tinto juguetón.

5 ago 2010

Una receta alemana: Pollo a la cerveza


En Alemania, como en otros países de la Mittle-Europe, es bastante corriente guisar con cerveza. Nosotros, los sureños, utilizamos el vino, especialmente el blanco. Supongo que estoy muy acostumbrado al vino, porque el regusto a cerveza en los guisos no acaba de convencerme; sin embargo, reconozco que da un toque muy “nórdico” que casa perfectamente con las gastronomías septentrionales. Quizá sería interesante probar a usar cerveza en algún guiso de salmón con eneldo, por ejemplo. También puede funcionar con albóndigas, con caracoles... En fin, que tiene posibilidades, especialmente si te va la cocina nórdica. Supongo que con cerveza embotellada saldrá mejor. Obviamente, el tipo de cerveza y su calidad son determinantes.

Yo la he utilizado para guisar dos muslos de pollo, que he cortado para obtener un par de jamoncitos y sus correspondientes contramuslos. Para esta receta, normalmente se trocea el pollo en presas —es decir, en porciones que uno pueda llevarse a la boca sin necesidad de usar el cuchillo— pero debido a las prisas me he conformado con esas piezas más grandes. Yo recomiendo el corte en presas por comodidad a la hora de comer y porque la salsa se aprovecha mucho más. También, si se cocina para más de dos personas, es más cómodo hacerlo de esta manera.

Para elaborar este plato me he guiado por una receta de Javier Gómez.

Ingredientes para dos personas:

Dos muslos de pollo.
65 decilitros de cerveza fuerte (yo he utilizado dos latas de Steinburg tostada de Mercadona, que es lo que tenía a mano):


Cuatro chalotas (o una cebolla grande).
Dos dientes de ajo.
Dos clavos.


Una hoja de laurel (seca).
Dos yemas de huevo.
Un decilitro de nata.
Aceite de oliva virgen extra o mantequilla clarificada (para dorar el pollo y hacer el sofrito).
Sal.
Pimienta blanca molida.
Una cucharadita de Maizena.
50 ml. de agua.


Procedimiento:

Lo primero es dorar el pollo:


Mientras el pollo se va dorando, picaremos el ajo y las chalotas (cuanto más, mejor; yo no me he esmerado a causa de las dichosas prisas, pero lo recomiendo). Cuando el pollo esté dorado bajaremos un poco el fuego y añadiremos lo picado junto al laurel y los clavos, rehogando suavemente, para evitar que se queme, hasta que esté en su punto:


Observad que he introducido los clavos en la carne; es innecesario, pero se me ocurrió para la foto.

Cuando esté listo el sofrito, añadiremos la cerveza y subiremos el fuego:



Si os parece que en la foto hay poco líquido es porque todavía faltaba añadir la segunda lata de cerveza.

Cuando hierva, bajaremos el fuego al mínimo, lo taparemos y lo dejaremos cociéndose media hora (si el pollo está en presas, bastará con 25 minutos).

Una vez cocido, retiraremos el pollo, el laurel y los clavos, subiremos el fuego e iremos reduciendo el caldo restante. Es el momento de preparar la salsa:

Hay que desleír la Maizena en el agua fría, removiendo bien; cuando el caldo esté sufientemente reducido, verteremos la mezcla sin parar de remover, hasta que la salsa ligue; es cuestión de unos segundos. Dejamos cocer a fuego lento un par de minutos y añadimos la nata, dejándolo un par de minutos más, sin dejar de remover. Asegurándonos de que la mezcla no esté hirviendo, añadiremos las yemas de huevo batidas, sin dejar de remover (parece una letanía, ya lo sé, pero es necesario insistir en ello) y salpimentamos. Es fundamental evitar que la salsa hierva antes, durante y después de la adición del huevo.


Por último, añadimos el pollo y lo calentamos todo a fuego lento:


Para servirlo, lo ideal son unas patatas, cocidas, troceadas y rehogadas en mantequilla con un poco de sal, a la parisina o asadas. También está muy bueno con arroz. Yo, por las dichosas prisas, me he conformado con unos fusilli, que son ideales para esto porque atrapan muy bien las salsas: